sábado, 2 de julio de 2011

Laurita y Fernando. Introducción a una serie de historias.

Para Lasca e Isaías. Y para Laura principalmente.


-Se vienen los días de lluvias Fernando. - Vaticinaba el verso con el que iniciaba esa trágica historia. No sabemos si fue la redacción profética, el énfasis en la entonación, o el hecho que era tocayo del personaje, pero Fernando al fin levanto su cabeza todavía muy sobria y empezó a escuchar. No importa lo malo que fuese el poema, no había venido a la reunión esperando algo elaborado, sabia que este tipo de encuentros no es mas que un lugar de unión para esperanzados e histríonicos aficionados, de todas maneras, se sentía feliz, sin haber leído, lo habían nombrado, ¿era para el poema? no se podía saber, es cuestión de como siguieran esas lineas. Había soñado en esos aguijones de de dolor depresivo que podría llegar a pasar, un día alguien (¿una niña, tal vez una bonita?) le dedicara un poema a los lejos, pero se imaginaba algo mas sutil, empezar con Fernando es igual que empezar con Javier, puede que sea por algo o puede que sea por que sí, ¿quién estaba leyendo? Una niña sí, y no estaba tan mal a simple vista, al detallarla mejor, Fernando, Javier, Francisco concluye que es de las que podría fácilmente verse mejor, ¿qué gana con eso? algunos perros mas ladrando a su alrededor, no sabemos ni el ni yo exactamente, pero volviendo al poema, se concentro enormemente por encontrarle errores, hasta el punto que revisó cuidadosamente su gramática en la redacción (si hubiera podido, hubiese criticado su caligrafía) pero no encontró mas que gusto, obvio no era lo mejor ni lo mas profesional (no vino buscando eso) pero al carajo, le había encantado, así se debe sentir tener fe.

“Se había jurado no volver a enamorarse...” Y bueno la niña seguía hablando y hablando sin parar, callar no parecía la opción, pero Fernando entendía lo que le estaba pasando, e igual que todo héroe de epopeya, intentó luchar contra su destino, contra las fuerzas tan ajenas y a la vez innatas en sí mismo, que terminó por aceptar el evento: Le gustaba la pequeña oradora. Sí no era fea, bonita para ser sincero, con esas narices pequeñas pero pronunciadas en la cara, que no se dan para definir si son de blanca o de negra, lo mismo el tono de la piel, parecía un moreno bronceado sutilmente pero dando la impresión de haber sido blanca en su momento, el pelo oscuro con rayos castaños y los ojos cafés claros lo desconcertaban: Exactamente ¿qué era este pequeño ser?

Concéntrate en otra cosa Fernando, ya estas grandesito, piensa en las letras, no la mires tanto, sabes que no va a pasar algo. Pero al tiempo se pregunta, ¿y si me vuelvo descarado? Fernando empieza a maquinar un agresivo plan de ataque, no considerara en el la resistencia, los inconvenientes ni la competencia, muchos menos el hecho que, a pesar de haber dicho su nombre, la chica no lo ha mirado en ningún momento, Fernando, Javier, Gustavo, Francisco, Miguel, Armando, Federico va a tomar el primer paso inconsciente a lo que será finalmente su ruptura amorosa mas fuerte, por suerte opacada por los mejores momentos de su vida.

Vale la pena volver un poco al pasado. Hace unos 3 años, cuando el objetivo estaba claro pero los medios estaban oscuros, era necesario hacer una pausa, viajar un poco, salir a un campo grande donde poder disparar toda esa peligrosa juventud al mundo, sin lastimar a nadie; Conoció a una de esas mujeres hermosas: “Un 11”, muy femenina en sus gestos, elegante y provocadora en todo lo que se ponía, cuando estaban asignando los grupos de trabajo en aquel instituto, lo único en lo que podía pensar era que le tocara junto a ella. No entiende como las cosas funcionaron, fue cuidadoso en esconder cualquier intención diferente a la ser su amigo, tuvo la precaución excesiva de no desnudarla con la mirada, de mantener un contacto visual sereno y no insinuarse ni con la voz ni la postura, trato de no malinterpretar ese apretón de manos, esa invitación a comer, esa invitación a dormir. Pero no podía salir bien, en algún momento de su vida estuvo ligado al pasado, trataba de ser fiel a una figura impuesta de lo que debía ser el mismo: Un perdedor. Al cabo de un rato, ella lo dejó, sin muchas lagrimas por ambos lados, no faltó la explicación: “Algún día entenderás lo que vales Fernando, pero por ahora no me acuesto contigo, porque ni tu te acostarías contigo mismo en este momento”. A Fernando no le molestó el comentario, era cierto, se consideraba un complejo, horrible y malvado insecto, sacado de otra dimensión, de otro tiempo, no entendía porque algo como el quería estar con alguien como “Los-Demás”.

Es cierto, a Fernando le tardó tiempo aprender a quererse un poco, desde su nombre o su cuerpo, a su forma a pensar, poco a poco Fernando aprendió a quererse y a tenerse fe, fe, no tenia motivos ni evidencia para creer con certeza de que el valía la pena, pero había decidido entregarse sin cuestionar sus instintos de confianza a su propia persona. ¿De que vale todo ese esfuerzo Fernando, todas esas meditaciones en tu cabeza sobre ti y sobre el mundo, si no algo te sale mal y te da por vaciar la cuenta? Nunca fuiste alguien que pudiera saltar por una ventana, tomar veneno o disparar un arma, temblabas con solo pensar que debías cortar o penetrar parcialmente, pero igual empezaste a tomar y manejar, a tratar a los camellos como la basura que en el fondo sientes que son, a planear e improvisar las maneras mas canallas de perder todos tus amigos haciendo uso de tus peores rasgos de personalidad, a nadie le gustan que le digan la verdad Fernando. Estar sentado sobre esa sillita metálica que se repliegan, dura y fría, chillona, tal vez era su ultimo grito de ayuda, lo que le quedaba de fuerza para intentar arreglar las cosas; No fue el destino lo que los unió a ustedes dos esa noche Fernandito, tu te lo buscaste, la tomaste de imprevista, no le diste mas opción que decir sí y la sumergiste en el mar de armas y guerra que estabas volviendo tu vida, por eso te culpaste tanto después.

La chica, no lo miraba, eso era cierto, estaba en su cabeza. Ella estaba pensando, Joder ¿en qué piensan las mujeres Fernando? Nunca te importó, nunca fue importante, ni ella hace lo que piensa y se traiciona a cada rato, esa noche cumplía ocho meses de estar saliendo, de hablarle a todos los tipos que conocía, probando la fácil, probando la difícil, probando a los perros, a los sensibles, a los negros y a los viejos, todas las mañanas tiraba la toalla y a la noche se volvía un zombie, automáticamente entraba en animo de conquista (¿de qué, conquistar o de ser colonizada?), se arreglaba y se preparaba, atenta a su alrededor, obtenía la capacidad que con siquiera mirar a los hombres, saber cuales y cuantos la deseaban, y en que forma, sabía con cuales podría irse a casa esta noche para no verlos jamás, a cuales no los llevaría con ella pero seguiría viendo y a cuales trataría como escoria vivientes, pero al final, sin entender porque, solo era una cuestión de quien venia primero, quien permanecía mas tiempo o quien le decía mas o menos lo que “se debía decir”, y tu los llevabas al mismo lugar de siempre siempre tratando de convencer, a ti misma o tus amigas, que no estabas apostando tu cariño en el asunto, que eras una cabrona y que tenias la situación bajo control. Cuando el resultado esperado se manifestaba (Tu sola y medio triste, porque te importo mas de lo que querías) recordabas todos los días en que tiraste la toalla y todas las noches en las que sentiste que fallaste sistemáticamente, y eso te entristecía.

No mirabas a nadie ese día, no te gustaba ninguno, no por que todos fuesen horribles o terribles, no te gustaban como no le gusta a una anoréxica la comida, te daba control. No estabas arreglada, ¿Enserio tenias que leer un poema que hablaba de ti? de un tal Fernando, en vez de escribir Luisa como querías, de pronto si es un hombre vale mas la pena ponerlo a sufrir. Entonces al final el llega, dice algunas cosas sobre tu poema, sobre tu universidad y sobre salir esta noche, ni siquiera te emocionó que se llamara como tu personaje, va todo a terminar en lo mismo, al final de la noche le dijiste que te llamabas Laura, y con eso ambos tomaron aquella horrible decisión de quererse porque no había nada mas que hacer.

Los primeros días fueron incomodos, las expectativas, si es que habían, se cumplían como una organizada operación, nada era natural excepto por el suspiro al final de la noche, ese que te dejaba descansar de lo complejo que era fingir otra cosa. Fue extraño como se fueron conociendo, perdiendo el miedo y con el tiempo llegar a quererse de verdad, es imposible marcar el momento, parece de un día para el otro, como si hubiera una edad oscura donde al fin aprendieron a actuar y luego se perdieron en el personaje. De pronto porque Fernando se había propuesto dejar de ser insoportable, dejó de contar los instantes y empezó a gustarle, tal vez allá sido eso lo que solo le permitió diferenciar su vida en dos mitades: Antes y después de quererla. Todavía seguía agregando nombres cada vez que pensaba en si mismo con su nombre para alejarse emocionalmente, pero ya no era lo mismo, no importa si era Fernando, Francisco o Federico, todos ellos estaban enamorados.

Es de importancia notar que era probable que Laura hubiese puesto mas de su parte por hacer las cosas bien (de una manera ideal) que en previas ocasiones. Todos los días algo de ella se le desprendía, algo de ella se perdía y se volvía algo de el, sin ni siquiera se lo pidieran, fuera de toda necesidad, Laura daba todo lo que tenia, mas allá de su cuerpo, su dinero y su tiempo, toda su atención se había vuelto hacia Fernando ¿Se fastidió el alguna vez? No, pero tampoco parecía gustarle, a decir verdad, Laura no estaba segura si el siquiera lo notaba, otrora ante esto Laura hubiera sucumbido a la duda, desesperada del miedo a la soledad, hubiese dado la propia humanidad a cambio de la certeza de ser la exclusiva dueña de su afecto, hoy, indiferente, tolerante, apática, ¿resignada Laurita? qué importaba, mejor no verse en el espejo cuando uno siente va bien arreglado a la fiesta. No porque Fernando fuese de confianza, no porque siempre estuviese ahí, tampoco era el mejor en la cama (no mojaste esa primera vez), no era ni el mas pinta ni el mas inteligente, se esforzaba enormemente por ser interesante, pero de todo eso carecía, Fernando era una caricatura mala que apenas se tolera verla sin desagrado, y tu dando partes de ti, de pronto ya habías perdido la parte de ti que te haría inconforme con esas cosas. No vendiste tu humanidad, la regalaste, despacito y contenta a alguien con quien no valía la pena, cuyo único mérito era quererte, ¿qué era lo imposible de eso, lo difícil de creer, lo que te hacía dudar que otra persona fuese capaz de hacerlo? Aunque no lo creas, es fácil llegar a querer a alguien, incluso a ti.

Recuerdo el día en que Laura tuvo la iniciativa de viajar juntos, empacaron sus cosas y pagaron un tíquete barato en bus y un hotel terrible, pero ahí estaban ambos frente al mar, ninguno sabía nadar, ninguno sabía como no parecer turista, y mucho menos sabían regatear, el viaje salió mas costoso de lo esperado, pero que importaba, pasaron los días tomando el sol y cerveza, probando cuanto jugo y fritura vendieran en la playa, quemandose la piel un poco y sintiendo el hostigante calor de medio día como algo “sabroso”. Ahí fue cuando se volvió costumbre la manera natural y sincera que tenían para decir que se amaban, todos los detalles, las frases, los chistes internos y los rituales públicos y privados. Fernando pensó, que sería terrible cuando todo esto acabara y cómo serían sus vidas después, y tenia razón, acabaría por la misma razón que se hizo esa pregunta, muy conscientemente, Fernando ya quería mas.

Ambicioso y malo Fernando, ya tenias todo y lo sabías, pero igual querías más, calidad y cantidad Fernando, ya no te culpabas por no intentarlo, es mas te justificabas, y cuando te sentaste solo en la barra de ese bar, sabias que no estabas desprevenido, que observabas meticulosamente con atención todas tus alternativas, atento a todas las señales de la mas pequeña oportunidad, afilando tus limites, solo era cuestión que pasara. Y pasó. Al ser perdonado, ¿qué te hizo pensar qué no se vengaría si podía?

Y ahí están los dos, sin saber a quien culpar, listos para entrar a una carrera del error y fracasos, de inocentes y crédulas expediciones a potreros en busca de perlas, buscando quisas su confianza y autoestima perdida, lo probaran todo, sin exito alguno, el desborde de los extremos, el derrame de toda alternativa, pare llegar a la conclusión de siempre en ese ciclo vicioso de emocionalidad en el que se han metido: Las próximas historias de Laura y Fernando, hablaran de sus días de lluvia.

Una mujer temperamental.

Un hombre infiel.

Dos vidas en caída libre.

¿Qué tan profundo es el hoyo?

Insecticidas y Magnicidios.

Todas gritan despavoridas.

Su mundo reducido a nada, en instantes, sin previo aviso, sin motivo alguno, todo lo que daban por cierto, bueno y necesario, de repente se inunda, a diferencia de las grandes gotas que se precipitan a altas velocidades desde el cielo, este es un flujo inmenso y continuo, implacable, arrastrando todo a su paso, inundando el lugar donde dormías, donde comías, donde por primera vez caminaste, y todos aquellos que conocías están muriendo ante tus ojos sin poder hacer nada, y tu, herido y adolorido, torturado hasta el punto de la infamia observas todo con desesperación y sabes lo inevitable e inminente de tu fin adyacente a solo unos segundos.

Debe ser porque no te podemos escuchar, que nos encanta hacerlo desde niños, sin mas motivo que el aburrimiento, se vuelve una necesidad: matar hormigas. Y en inútiles intentos defensivos ustedes nos pican, solo empeorando nuestras relaciones diplomáticas. Igual a nadie les importa, a nadie estorban sus muertes (mas bien alegran), y no son nada trágicas, no es como matar un caballo a golpes o colgar un cerdo, no hay nada trágico en la destrucción del micro mundo, mas que un magnicidio es un molk, no hay timbales, pero a nadie desagrada, y solo hay una gratificación simbólica: La esperanza que todo esta bien. O por otro, no es tan complejo, una vez solo quería ver si se electrocutaban, no lo hicieron, años mar tarde me dijeron que era debido a la conformación química de su exoesqueleto, el cual no conduce la electricidad.

Mi nombre es José Vanegas, y llevo 10 años sin matar una hormiga.