
Su sombra le asusta un poco, en esta ocasión es mas grande y oscura que lo habitual, le muestra esa enfermiza forma de caminar que el posee. Al menos no se siente tan solo, al menos hay luz para hacer sombra, por lo menos ya esta cerca, cuando termine de hacer esto va a poder dormir en paz. Nunca fue su intención ser un escritor o poeta, estaba lejos de serlo y jamás se sintió así, lo que hacia lo hacia por conveniencia, según la situación, siempre en busca de calma que desde hace tres meses se veía forzado a recurrir dos veces al día, lo estaba consumiendo.
Good-bye, hope one day you can smile.
Y otra vez;
Good-bye, hope one day you can smile.
Una línea tras otra, debían quedar las palabras alineadas, como si fueran fotocopias, si algo salía mal, debía empezar desde el comienzo, otra vez repetir el proceso, hasta que todo quede en su lugar correcto.
Finalmente logra terminar, empapado en sudo, tranquilo y sereno, sin la más mínima pisca de miedo, yace sentado con los brazos caídos a los lados, jadeante con sed de aire, mira hacia arriba buscando a ver si de pronto mas cerca al cielo le es mas fácil respirar, con los ojos cerrados, tratando de moverse lo menos posible. Mientras una hermosa sensación se ocupa de él, el placer de recordar lo bueno sin añoranza, algo así como un rescate del pasado para dar esperanza: la ve sonriendo, con sus ojos grandes y pelo rojo y corto, grácil de cuerpo y afilada en facciones, cuando sonríe su nariz es como un botón, cuando no hace nada con la boca es como una lanza, cuando hace una trompa es como papita. En todo caso el la mordería en sus tres presentaciones, ¿solo tres? Consigue únicamente recordar fotos, lo que le recuerda el hecho que ella nunca se permite salir de otra manera.
A ratos se sentía inspirado, casi que obligado a escribir de ella, de llenarla de retos y victorias en un mundo distinto a este, hacerla llegar desde el punto donde esta a las cortes de los dioses demoniacos que atormentan el cosmos, desterrarlos de sus aposentos y traer paz a este complejo y diverso universo, hacer esto mientras a la vez se logra una metáfora del ser humano y todo lo que es capaz de crear, y de destruir también. Pero la conoce solo de unos días, parece que todo bien, el hablo y a ella pareció importarle, pareció opinar, a él le impresiona que ella parece ser… distinta, única. Saco sus mejores armas, se lleno de seguridad, pensó cada paso, cada palabra, cada gesto y postura, se salió de si mismo, trato de no complacer su deseo inmediato de que ella lo atendiera, de que ella lo quisiera, trato de atender lo que ella necesitara, sin parecer que él se esforzara. Fácilmente lo logro el primer día, el segundo lo culmino con dificultad, a la semana estaba exhausto, y lo peor estaba por venir, el ya no podía mas, mañana iba a convertirse de hombre lobo a cachorrito necesitado. No querida, eso no es bueno.
“Eres una de las nuestras” Pensaba para sí, como si pensando como si le conversara le ayudaría a decirle todo lo que ahora debe callar. En su momento le dirá que la ama, cuando sea cierto, cuando no espere nada a cambio por eso, cuando ella disfrute que él diga esas palabras, tan repetitivas, tan vacías, en su momento lo dirá con gracias, ahora diga lo que diga, debe decirlo correctamente, en el momento indicado, o estará solo.
“No, otra vez pensando en ti cerdo egoísta” se interrumpe fríamente, es por su bien, él lo sabe, duele un poco, pero se esta involucrando muy rápido, si en verdad no piensa en ella sino en lo que quiere que ella le produzca, estas semanas habrán sido en vano, y no solo el sufrirá por estar solo, la pobre Carla estará condenada a vagar sin ánimos otros cien años mas, o solo algunas semanas, mientras aparece alguien que lo haga bien.
¿En que piensa Carla? Una vez le había confesado algo, pero parecía tan incompleto, como si tuviera pena de decirle la verdad completa, como si se comiera partes. Pensaba como un queso, o como quien lo come, simplemente esta obligado a hacerlo, obligado a recibirlo, disfrutarlo varia de persona a persona, pero la cara que ponemos nunca miente, poco de su cara podía ver, pero sabia que ese discurso ocultaba algo. Si Carla tenia dudas debía aclararlas, nada peor que elegir presionado y dudoso, o con falta de información, en el caso particular de Carla el problema principal era la motivación, ya no le interesaba si la querían o no, para ella daba lo mismo que le dieran oro o la dejaran morir. Ese tipo de tristeza tan oscura era fácil de abusar, pero él no estaba ahí para eso, estaba ahí para dar su máximo esfuerzo de salir de sí, de en verdad ayudarla, y claro estaba lo otro, pero también seria más fácil así.
Solo quedaba escribir para no rayar con la desesperación. Escribir de otra cosa que no sea el ritual de la calma, escribir para el caos. Para su asombro resulto ser muy sencillo, las palabras fluían con un ritmo de tambores que dando estruendos te erizaban los pelos. El problema nunca fue de planear ni de realizar, el problema era siempre el de ir más allá: ¿lo leería alguna vez Carla? Preferiblemente no, por el momento, que sus sentimientos queden en evidencia es lo último que le conviene.
Así que con cuidado guarda las hojas de papel en un cajón cercano, lo cierra sin llaves sin candados, nadie lo abrirá, nadie más que él baja hasta allá. Se va tranquilo hasta el cuarto, a dormir en paz, sin luces ni sombras, con una sonrisa en la cara; ahí abajo alguien lo espera, y eso le llena.
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