“Dios no juega a los dados con el universo” -Albert Einstein.
Lo siguiente, no es un cuento, es nuevamente, uno de esos escritos explícitos de mi pensamiento.
Cuando Albert Einstein, un reconocido ateo (o agnóstico inclinado al ateísmo) dijo la frase previamente descrita, un creyente americano le respondió: “No le digas a Dios que hacer con sus dados”. Las dos frases fueron mal interpretadas por la historia.
Einstein no creía en un Dios personal, no creía en una entidad escuchadora, veladora y paternal, omnipresente y omnipotente que nos amaba o nos ignoraba, tal vez la forma más sínica pero comprensible en la que yo (Jose Vanegas) pueda explicar la espiritualidad de Einstein sea la siguiente: Dios es algo así como cuando uno tira una piedra por una montaña, esta cae, si no hay energía que la mueva a hacia arriba, esta inexplicablemente caerá. Dios no es un “ser”, sino más bien una metáfora de la vulnerabilidad y completa materialidad humana. Claudio Galeno, medico hipocrático de mediados del imperio romano, uno de los iconos de la medicina occidental, opina que, a pesar que los cristianos lograron idear una ética de servicio y total entrega en su comunidad, creando así muchas convivencias sanas, esta religión fallaba en su increíble credibilidad y su fascinación por los milagros, en sus propias palabras: “Si existe un dios, considero que sería inmaduro de su parte crear una serie de comportamientos y leyes naturales, como para romperlas en cada momento solo para satisfacer (premiando o castigando) una ley humana”, es de esta forma que se entiende el dios de Einstein y se comprende la segunda frase, y el tema de este escrito.
No se trata de hablar si factiblemente Dios, la vida eterna y el alma existen, para nada, hay muchos libros que abarcan el tema, con personas más aptas para darles cabida. No, la idea es describir mi percepción del roce que existe entre las personas cuando se tratan estos temas. Se trata incluso, más de ciencia que de política, más de ciencia que teología, más de ciencia que filosofía, y más de ciencia de lo que tú crees que es “ciencia” (digo tu, porque me estoy dirigiendo a ese lector que le causa rasquiña pensar en esa palabra: el teólogo o el “artista” por obligación). Si me preguntas, para aclararte otra premisa, si creo en dios, diría que no, y que a pesar que se que nada es absoluto y debería darle el beneficio de la duda, me sigo inclinando por el no. Científicamente es improbable, parece que evolutivamente surge una necesidad humana al prever el futuro y ser consciente y capaz de muchas habilidades cognitivas e intelectuales (tanto lógicas como creativas) y es probable que tanto anatómica como fisiológicamente, hallamos desarrollado mecanismos para creer (para entender mejor este punto, léanse de Mathew Alpher y Richard Dawkins, o busquen en google: epilepsia del lóbulo temporal) mas allá de eso, la forma en la que pensamos es por cámaras, conversaciones con nosotros mismos dentro de nuestras cabezas, jueces y condescendientes (en alguna época se creyó que estos eran dioses, ahora se le llama conciencia) unas leyes de relación clara (nuevamente leerse Dawkins y Desmon Morris) y mucha capacidad tanto de asombro como de dudas, en un mundo donde la información se pasa de generación en generación y se impone, mezclando creencias del pasado con el presente (Busquen Carl Sagan) y estas, y muchas otras premisas mas (que yo no trato tan bien, por favor, lean esos libros), favorecen la improbabilidad de un Dios, y no conformes con eso, su inconveniencia, su des favorabilidad, su inconsistencia para su existencia y muestran alternativas más viables y más humanas para toda esas cosas que la religión pretende ocupar.
Este es un punto interesante, he sido, por mi condición, tratado de extremo Racionalista, nihilista, misántropo y materialista, sin contar inmaduro. Claramente, las tres primeras, son declaraciones de alguien que no entiende, ni en lo más mínimo a la ciencia. Al igual que todo teólogo maduro te diría que no cree en un hombre con barba sentado en las nubes, ningún científico te negara lo incompleta e infantil que es la ciencia, pero asegurara, que no hay nada que le brinde mas humanidad al ser humano que esta, ya que, el no ve al ser humano solo como una “bolsa de huesos”, lo ve como una bolsa muy compleja de huesos, donde es comprensible, maravilloso, hermoso y deseable todas esas emociones y comportamientos (que es por lo que la gente aboga que se pierde al estudiar la ciencia), pero que estos siguen al fin, un sistema complejo, no uno caótico y completamente impredecible, el ser humano empieza a tener valor por sí mismo, no por ser hijo de un dios, todo empieza a cobrar un sentido de vulnerabilidad, diferente al que manejan los teólogos, para la ciencia somos aun más vulnerables, aun más valiosos. El otro insulto, el llamarlo inmaduro, responde a la idea de “el ateísmo es una cosa de adolecentes”, y bueno, ha habido ateos que han muerto de viejos y han muerto ateos, y los escritos son hechos por gente de mediana edad, por lo tanto, llega un punto donde la gente decide dentro de su formación, ya no es algo para llevarle la contraria a la sociedad, cultura o tus padres, es mas allá de una simple rebeldía, es una decisión, un estilo de vida. Si me preguntan es mas inmaduro creer, es sentir la necesidad de un ser paterno superior vigilándonos y complaciéndonos, como si fuéramos niños.
No soy agnóstico, no siento dudas existenciales con respecto a eso, un buen numero de ellos se escudan bajo el argumento de la total apatía, lo cual es equivalente a ser políticamente indiferente, sencillamente no puedes asegurar que no te interesa la existencia de dios, la mente ya funciona de tal manera como para que desde niño puedas ser capaz de creer en tales cosas, y seguramente fuiste criado en tal medio, así que no es que no te importe, es que la verdad te algo de miedo ir allá fuera por la verdad. O eso creo yo, o eso percibo yo, aun así no está mal, a decir verdad, si hay un grupo más odiado por los creyentes que los ateos, son los agnósticos.
Pero repito, esto no es cuestión de hablar de eso, si quieren saber como “más o menos” pienso, lean, la lista es larga, pero hay resúmenes por aquí y por allá. La verdad es que quiero hablar de una chica, que se subió al bus en el que Rafael y yo íbamos, justamente hablando de lo mismo, en el momento en que yo dije “Dios no juega a los dados con el universo” ella me dirigió una mirada pútrida, de total odio y desprecio, me miro por debajo, como un estúpido, y se sentó, saco de su bolso un libro; “Metafísica II: El conde de Saint-Germain”. Yo le miraba el culo, que era muy grande y proporcionado. En eso momento, tanto a Rafael como a mí, se nos quitaron las ganas de hablar de cualquier cosa que tuviera que ver con una conversación lógica, pero yo quise persistir, y desmoronar las premisas de libros como “El secreto”, bueno, la verdad, solo las del Secreto. Y luego se bajo, y pensé en un cuentico:
En la Galaxia B, hay una especie de seres con inteligencia de color verde.
Esa especie, logro prolongar su expectativa de vida a escalas sobrehumanas, hacer factible su supervivencia en el espacio exterior y múltiples sitos del universo durante periodos prolongados, lograr viajes espaciales muy rápida y cómodamente, acordando tanto tiempo como distancia y mantener comunicaciones efectivas entre distancias absurdamente largas. A pesar de esto, esta especie, no desarrollo nada parecido a la poesía, pintura, escultura, teatro, música o literatura, supongamos pues, que son artísticamente incapaces.
En un viaje cósmico, llegaron a nuestro planeta, siendo una civilización pacífica, se dedicaron solo a observarlo, y se dieron cuenta que, no entendían nada.
Al cabo de unos siglos, el contacto se hizo viable, y pronto nos habíamos integrado socialmente con esta otra especie inteligente, las dos razas crecían juntas en armonía (o seguramente apatía).
Un día, algo inesperado sucedió, surge un mutante entre los Alienígenos, uno que le podía escribir un acorde y se sentía atraído por las mujeres humanas. Le gustaban todas las mujeres humanas, pero solo quería de verdad a una.
Le pregunto si ella querría salir con él.
Ella dijo que no.
El se puso muy triste.
Y lloro y lloro.
Y nadie lo consoló.
Fue así como decidió crear un gorila genéticamente alterado, que aprendió a usar martillos, y ser supe fuerte, de esta forma, crear la imposibilidad absurda en las vidas cotidianas humanas.
Para dejar de fumar: Ten una inexplicable e irracionalmente absurda Fe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario