
...¿Y si quemamos la casa?
Mas acerca del maestro y la margarita.
Мастер и Маргарита. Михаил Афанасьевич Булгаков
Sympathy for the Devil.The Rolling Stones
“2x2=4 por 4= 16... ¿y si quemamos la casa?” pensó rabioso Sebastian.Tenia que pensar en voz alta mientras veía los números en la tele, lo cual no le gustaba, cuando pensaba en voz alta no solo el volumen de sus pensamientos aumentaba, cualquier sonido sonaba mas fuerte, todo roce entre telas se tornaba estruendoso. Para colmo de males, hoy era el día en que Margarita se le dio por lavar la casa.
Son en momentos como estos que despiertan en Sebastian una incontrolable necesidad de violencia, una misantropía sociopática y un egoísmo con disfraz nihilista; Se levantó del sofá y sin decir mas se fue, no sin antes haber tirado la puerta. Esto para nada incomodó a Margarita que seguía encantando a los animales capitalinos con canciones de laboriosas de Disney, aun así, lo ve caminar en el parqueadero, lo vio darle unas pataditas a las llantas y quitarle el seguro al carro, lo vio arrancar hasta el portón, y lo vio darle unos piticos al portero para que lo dejase salir. En ese momento, Margarita se mojó, suspiró y dijo: “Ahí va mi Maestro”.
Sebastian era ignorante de toda esta situación, el era consciente de que contaba con el cariño de Margarita, pero, ¿ser su maestro? Mujeres así no quieren tanto, pensaba. La realidad era otra, para Margarita, Su Maestro era capaz de despertar tal respeto y admiración en ella, tantas emociones pudorosas, fantasías, una conformidad que superaba siempre todo las expectativas, que la dejaba esperando más cada día, con su Maestro, Margarita se sentía hermosa, se sentía protegida, se sentía deseada, con el Margarita se podía ver al espejo y encontrar a una brujita feliz, lo mas interesante, era que no sabia porque, no quiere a su Maestro por quien es, lo quiere por lo que le hace sentir. La verdad para Sebastian no era diferente, todo lo que hacia era por ella, seguramente era por el nombre que tenia, de seguro, que se hubiera enamorado de brujas con nombre como Violeta o Azahara, pero es que para Sebastián las margaritas eran..., bueno, especiales.
-Tu hombre es un idiota. le dice una hormiga al oído. Es impulsivo y lábil emocionalmente.
- Puede que sí, pero el genera escenarios, puede complacer todos mis deseos, así sean utópicos, a pesar que parezcan contradecirse en su dicotomía, sin generar equilibrio, mi Maestro crea universos.
- La gente buena no merece una vida así. Comentó un caracol y todos callaron, tenia razón: La casa estaba hecha un desorden, y no porque así lo hubiesen permitido, sino porque es la condición natural de ese sitio, era feo y poco digno, todo en ese lugar desprendía desagrado, repulsión o evitación, toda cosa, todo lugar exceptuando tal vez esas materas en el balcón.
- Retiro lo dicho. Dijo la hormiga. El tonto siembra muy bien las margaritas.
Para su Maestro, las margaritas eran especiales. Sebastian era paisa, hijo de una humilde familia del campo, como toda buena familia paisa, sus padres estaban convencidos que habían de criar un médico, un abogado y un cura, Sebastian iba a ser el cura. Seguramente lo habrían escogido por ser el menor, o el mas afeminado, pasaba las mañanas con sus hermanas recogiendo y sembrando flores, no las vendían, su padre había sido rico alguna vez, pero al perderlo todo aun se rehusaba de perder su dignidad y rebajarse a la tan estereotipada solución antioqueña de vender rosas en las calles, por lo tanto, si su hijo quería ser marica, mejor que lo fuera con los curas. A los once años, el Hermano Sebastian estaba bien instruido en cuanta epistemología teológica existiera (claro, católica) y para poder sobrevivir con las locuras que a veces le entran a algunos curas (ya Margarita sabe, esas locuras como ayunar, invitar monjas o invitar niños del altar, o hacer un retiro espiritual) sembraba margaritas al lado de la huerta, las cuidaba todos los días, las protegía y velaba por ellas, les hablaba (sí, en esa época hablaba con las flores) les contó las mil y una noches, les canto desde Everyday hasta Dosvendaya mio bambino. Un día despierta para encontrarse de golpe con la única realidad humana, nada poseamos, nada controlamos, alguien había matado sus margaritas, todas, no quedo ni una sola, ninguna estaba aferrada al suelo, todas aplastadas o arrancadas, ¿quién?, ¿por qué? accidente o intencional, Sebastian no buscaba culpables, buscaba víctimas, y su cólera había decido castigar a todos.
-¡¿quién de usted hijueputas me deshojó las margaritas?!
- Fue una decisión de Dios Hermano Sebas...
- ¡Dios mis huevas malparido!. Lo interrumpió vigorosamente.
Hubo murmullos y gritos de escándalo, Sebastian había puesto a Dios al nivel de sus mas humildes testigos.
- ¡Hermano retire lo dicho!.
- ¡NO!
- Entonces, ¡vallase!
Por eso la gente se vuelve mala, un campesino después de tanto trabajar y sudar en suelo, que le aplasten las papas, de verdad le dan ganas de volverse guerrillero.
Y fue así como, sintiendose malvado, pero aliviado, Sebastian se va sin nada del seminario, al rato estaba desheredado y se vio obligado a ir al único lugar del país donde las penas son inexistentes, y donde no existe tal cosa tal como: “Ser la vergüenza de una familia paisa católica”, es más, no existe la vergüenza, Sebastian se fue a Barranquilla. Conocería a Margarita años mas tarde, tal vez en Paris, tal vez en Baires, de pronto fue Bogota,lo mas seguro es que hubiese sido en Quibdó, lo que si sabemos es que ella estaba montada sobre una piedra y el se había robado un caballo.
¿Y si ya dejaba de pelear con dios? pensó Sebastian mientras pasaba sobre una paloma con el coche, seguramente la casa era un asco, y Margarita se esfuerza, joder que se esfuerza, ella no es buena en esas cosas. De pronto necesitaba ver mas margaritas, tal vez algunas rosas, tulipanes, violetas, orquídeas, que bueno que este es un país de orquídeas, pero, ¿cómo? sin dinero, ¿cómo era posible tener una finca en Ubaté?, una finca que tenga una capillita, para volverla bar y sitio de reuniones, y sembrarle hectáreas (o fanegadas, el no entiende de magnitudes) de margaritas al frente como la torre de babel de las flores (“¿esos no son los jardines colgantes de Babilonia”) algo que sea mi verdadera fe, una abrazo a la realidad, un templo del hedonismo, la aceptación de la dicotomía humana, de la dicotomía femenina, de la dicotomía de Margarita... ¿y si...?
Margarita lo sintió, su Maestro entraría exaltado por la puerta, tendría una idea, habría creado un nuevo mundo.
Sebastian tenia la solución, sabia como lograría sacar a Margarita de ese horrible lugar.
Pego una patada en todo el centro de la puerta la derrumbo, Margarita lo esperaba a unos pasos, ya sonriendo, conteniendo su alegría. Sudando y sin aliento la miro a los ojos y sin antes decir nada dijo:
“¡....¿y si quemamos la casa?...!”
Margarita no puedo contenerse mas, salto y aplaudió, dejo escapar un gritito de emoción.
Al rato, todo en llamas.
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