miércoles, 1 de junio de 2011

Solo los valientes saltan.

Nadie me conoce, y qué bueno, porque ¿quién querría hacerlo? La propia y real personalidad está tan llena de culpa, asco, vergüenza duda e inseguridad que cualquiera que entienda en lo mas mínimo el concepto de autopromoción, se negaría al instante a permitirlo. El mas odioso o odiosa del mundo debe ser un modelo cultural comparado con toda su totalidad, eso que no nos muestra en primera instancia, mas allá de los rasgos cardinales de personalidad y del pantallaso visual de la morfología superficial afectada por el ambiente y la reacción a este.

Entonces no invito a conocerme, perdería privacidad, perdería individualidad, tampoco quiero conocer a alguien mas: Mis actos parecerían mas o menos sobrevalorados o subestimaría los de ellos.

Todo esto para decir, que a nadie le voy a arreglar la vida siendo médico.

Todos vamos a morir, y mientras estemos vivos nos vamos a quejar, nos va a doler, y nos va a gustar.

Tienes la opción de seguir así, o como yo, podrías estar considerando la opción de unirte al grupo de fetichistas mas cercano a tu localidad; O claro, la última opción, dejaste de considerar y ya tienes la mascara de látex.

Yo creo que me voy por la vida a lo solo, tener un hijo o hija que en verdad no es mío y que veré de tanto en tanto, codearse siempre con los antiguos amigos y ver por la ventana el melancólico pasar de la soledad, y mientras quisiera retorcerme del dolor que siento, me mantengo parado, inexpresivo, irritable, preguntandome “¿cuándo irá a terminar?” ya ni siquiera me preocupo por si las cosas van a mejorar, me he saltado unas paginas del libro, ya me sé el final.


Y entonces, ¿por qué le temo más a morir solo que a solo morir?

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