domingo, 11 de septiembre de 2011

Mi primer ensayo



Después de seis semestres de medicina, me llegó una clase ética sin tinte de teología jesuita. La profesora nos encargo un ensayo con tesis y argumentos sobre los siete pecados capitales, cosa que yo nunca he hecho (los ensayos). Así que indiferente de que se espera de mí, y como debo llenar esos espacios vacíos de mi clase de filosofía y de mi carrera repleta de argumentación sobre la evidencia, intenté dar mi mejor esfuerzo y escribirlo como ella quería, consiente de mis errores, he aquí, mi primer (intento) de ensayo:

Sobre el mal, la tentación y los siete pecados capitales.

José Carlos Vanegas Pérez.

I. Introducción.

Es seguramente difícil abordar un tema tan complejo, que plantea muchas preguntas, como ¿cuándo se hace daño al otro y por qué? que es seguramente lo que muchos pensamos en nuestro interior que es la maldad. Esta pregunta, por su grado de complejidad, no va a ser tratada en este texto y nos encargaremos más de hablar acerca de una visión más personal: de la tentación. Esta visión egocéntrica del mal (nuestros deseos nacen de adentro y nos impulsan a actuar de manera errónea o no benéfica), si bien de entrada se puede catalogar como subjetiva, es la más cargada de simbología por nuestra cultura y tiene un gran valor de culpa, incluso para algunos en la iglesia católica, un valor de castigo durante la vida después de la muerte. La iglesia católica considera que existen siete tentaciones o estado del alma que con el solo hecho de pensarlos conducen a un estilo de vida ofensivo para dios, o para los más progresistas, que no satisfacen el alma y causan gran sufrimiento en vida, esta lista es conocida como “los siete pecados capitales” y aunque no figuran en la Biblia (aparecieron primero en el año 375 d.c. redactados por el monje Ebagrio Póntico, y luego en 590 d.c. fueron revisados y publicados por el Papa Gregorio Magno), son parte importante de la moral e incluso metafísica cristiana (cada pecado tiene un contra pecado o virtud, también se le asigna un general demonio y una forma de exorcismo, incluso Dante relata lugares con castigos específicos en el infierno y en el purgatorio para estos). Son los siguientes:

1. Lujuria (Demonio: Asmodeus, Virtud: Castidad).

2. Pereza (Demonio: Belfegor, Virtud: Diligencia).

3. Gula (Demonio: Belcebú, Virtud: Templanza).

4. Ira (Demonio: Satanás, Virtud: Paciencia).

5. Envidia (Demonio: Leviatán Virtud: Compasión).

6. Avaricia (Demonio: Mammóm, Virtud: caridad).

7. Soberbia o vanidad (Demonio: Lucifer, Virtud: Humildad, la raíz de todos los males, ya que se pierde el miedo a dios y la percepción moral porque genera una total egosintonía de las acciones).

La demonología nació como sátira hebrea a las deidades paganas, así la palabra Belcebú es la pronunciación hebrea para el dios Baal, al cual se le ofrecía carne y se le dejaba podrir, lo que atraía muchas moscas a los templos, los judíos pronunciaban el nombre entonces como “Ba'al Zvuv” que significa “el señor de las moscas”. Los cristianos debido a la simbología, las malas traducciones o ambas, acuñaron estos nombres a la ya muy antigua idea de espíritus malignos. Durante la edad media, se consideraba una ciencia y era indispensable para realizar de manera correcta los exorcismos. Lastimosamente estas creencias llevaron a actos violentos como la quema de brujas y a la estigmatización y represión de muchas generaciones.

Los budistas en cambio solo proponen seis virtudes en vez de siete, pero algunas se sobrelapan con las católicas, aunque su significado puede variar:

1. Caridad (El trabajar para otros da sentido a toda las existencias).

2. Rectitud (incluye seguir las leyes del país).

3. Paciencia (aquí el significado es mas metafísico, no es solo la calma en el carácter, es la ausencia de miedo a la muerte).

4. Desapasionamiento o absorción (es la capacidad de concentrarse)

5. Intrepidez (curiosamente, es el vigor y la energía, los inoficiosos también eran mal vistos).

6. Contemplación o sabiduría (La reflexión y la meditación, el conocimiento abre las puertas de las demás verdades).

Los científicos que trabajan en áreas como la neurociencia y la psicología evolutiva consideran que lo que ha sido llamado tradicionalmente “pecados capitales” son impulsos, emociones o sentimientos que se logran por la fisiología cerebral y generan ese cambio perceptual en la conducta del sujeto ya que son evolutivamente adaptativos para nuestra supervivencia y reproducción como especie y como individuo, por lo tanto se sale del concepto de castigo o de maldad, no considera que sea necesario reprimirlos ya que son normales y están presentes en cada uno de nosotros y añade que solo cuando se pierde la adaptabilidad de estos se genera un cambio no benéfico para el individuo o su descendencia. Esta visión es parcialmente similar a la budista pura, que, a pesar que también tiene descritos lugares en la vida después de la muerte para estas almas, consideran que el precio de estos pecados se paga con sufrimiento e insatisfacción mientras se esta con vida, y a diferencia del cristianismo, desde sus anales el budismo propone cuatro verdades y un camino de ocho variantes para lograr aceptar la realidad de estas tentaciones y a pesar de todo ser feliz:

1. Toda existencia es sufrimiento.

2. El origen de todo sufrimiento es el deseo (si nos ponemos aristotélicos, podríamos afirmar entonces que con estas dos premisas existe una tercera: “por lo tanto toda existencia desea”).

3. El sufrimiento puede extinguirse extinguiendo su causa (es decir el deseo, o la existencia).

4. Para hacerlo se debe caminar el camino óctuple:

Comprensión correcta.

Pensamiento correcto (estos dos son del grupo de la sabiduría, incluyen meditar, reflexionar y educarse sobre lo correcto).

Palabra correcta.

Acción correcta.

Ocupación correcta

Esfuerzo correcto

Atención correcta

Concentración correcta.

Como podemos darnos cuenta, el budismo es muy complejo en su estructura, y por eso es llamado la “religión filosófica” ya que no necesita de un esquema moral impuesto por un dios para considerar su ética (es mas, el budismo no requiere de un dios en lo absoluto), los cristianos sí, no solo existen los diez mandamientos sino un mandamiento primo (“amaos los unos a los otros”) y la ya mencionada lista de los pecados capitales. Esta diferencia crea posturas diferentes ante el deseo, en el cristianismo debe entonces ser reprimido y castigado, y en el budismo debe entonces ser canalizado y aceptado. El psicoanálisis propone que todo deseo que se madura no se reprime sino que se sublima, convirtiéndose en una virtud social, como por ejemplo el deseo infantil de la atracción a otros niños se sublima en amor a los niños, siendo profesor de niños pequeños o filántropo infantil, o puede reprimirse y causar gran ansiedad e incluso manifestarse a veces como pedofilia.

Esta última premisa nos lleva a otra aérea: La virtud social. La percepción de estos pecados ha cambiado a través de la historia por las condiciones culturales, sociales, políticas y económicas, siendo castigados o premiados dependiendo de las necesidades del momento, así como en tiempos de hambruna se castigaba la gula, en épocas o incluso fechas de mucha prosperidad se solía celebrar.

Dicho esto, ¿Son los pecados capitales en verdad pecados?, ¿causan estos deseos siempre sufrimiento? y finalmente ¿se pueden reprimir?

Durante el texto desarrollare la idea que dependiendo de que manera afectan la funcionalidad, el estado de animo y la interacción social del individuo, estos mal llamados “pecados” podrían incluso llegar a ser de gran beneficio o han sido estigmatizados debido al poco conocimiento que se tenia sobre la mente y el cerebro humano en la época en la que fueron redactados, y aunque producen gran ansiedad en la persona al no cumplir el deseo o al temor a perder el objeto que es fuente de su deseo, son inherentes a nosotros y que hemos de aprender a aceptar la naturaleza de la inconformidad que nos produce no ser capaz de cumplirlos siempre, y que esto no nos debería hacer infelices ni generarnos sufrimientos si aprendemos a aceptarlo, ya que como también defenderé, estos “pecados” son manifestaciones de nuestro deseo, y que es imposible, sino antinatural eliminarlos.

II. Tesis.

Al ser el deseo una motivación e impulso humano focalizado a motivos de supervivencia y reproducción y al estar presente en todos los seres humanos, ser descrito desde tiempos muy antiguos y al tener manifestaciones en otras especies, se considera entonces que es un elemento evolutivo. ¿Cómo se logra? toda vivencia psíquica de emoción, sentimiento, pensamiento y percepción esta mediada por el cerebro y sus células, las cuales responden a sustancias como neurotrasmisores, hormonas y mediadores inflamatorios para generar sus respuestas, es decir la conducta del individuo. Cuando varios cerebros interactúan intercambian subjetividades, la percepción es controlada por el estado perceptual y la perspectiva del sujeto que observa, junto a esto se añade que lo que ve no es controlado por si mismo, depende de las demás leyes de la naturaleza, y tiene un gran componente de azar y de probabilidad. Por lo tanto el ambiente influye en la percepción interna de las cosas, lo que parece mas conveniente para sobrevivir, será en su momento interpretado como lo más correcto y estético, por lo tanto se considera un deber en la sociedad cumplir con estos y a la persona que lo hace se le considera virtuoso. Como ya nos dimos cuenta, la dicotomía en el pensamiento de occidente es una constante, por lo tanto si existen virtudes, existe algo completamente opuesto a esta, y es por lo general es incorrecto y antiestético, y la persona que incurra en ello debe ser castigada. Es esta naturaleza la que le da la subjetividad a sentir estos impulsos, la cultura es la que los considera correctos o incorrectos y hasta que punto, y es por lo tanto una percepción utilitaria (el objetivo es salvar la especie, tu alma, o la sociedad).

No satisfacer los deseos genera dolor o ansiedad, esos son los mecanismos para aumentar la percepción de necesidad de ese deseo y por lo tanto su búsqueda, ese mecanismo esta explicado por el sistema de recompensa del sistema límbico del cerebro y los sistemas noradrenérgicos y dopaminérgicos con el eje hipotálamo hipófisis adrenal. Al estar estos dos mecanismos tan ligados a la fisiología, es imposible inhibirlos totalmente, y al hacerlo puede generarse más inconformidad.

El problema real incurre en la mal adaptación, es un concepto que la gente suele considerar indiferente a la evolución, ya que incluso culturalmente, opinan que la evolución es perfecta y nosotros somos los mas perfecto entre todo lo que evolucionó (en rezago de la idea creacionista) la verdad es que la evolución es mas bien un proceso improvisado pero planeado, o mejor dicho, circunstancial, con muchos sesgos, que puede generar que algunos deseos se supriman o muevan a otros: por lo tanto en una persona, debido a como su genética y a su historia personal que ha afectado su citoarquitectura y fisiología cerebral y por tanto su psiquis, es probable que el impulso de creer en algo mas allá (originado seguramente como mecanismo evolutivo en los humanos para sopesar la carga de poder prever nuestra muerte) sea mas poderoso que el de reproducirse, y al estar asociado por la necesidad de pertenecer a una comunidad (rasgo que evolucionó porque es mejor para nuestra especie sobrevivir en grupo), y dado el caso que esta comunidad reproche el acto sexual y enaltece la castidad, este sujeto podía optar por no cumplir su deseo sexual y por lo tanto tener probabilidades mínimas de pasar sus genes a la siguiente generación, esto sin manifestar ningún tipo de enfermedad neurológica o psiquiátrica, sino puros rasgos de personalidad. Como diría el autor del gen egoísta: “Tus genes son los egoístas y no lo saben (porque en realidad los genes son solo moléculas organizadas que responden de esa manera en la biología molecular ante los estímulos físicos y químicos), tu cerebro no necesariamente y es muy consciente de esto”. Otro aspecto que solemos pensar de la evolución que es incorrecto es que no podemos cambiarlo y que es un determinante puramente genético, ante estos dos aspectos la epigenética (los cambios en la forma, la cantidad y el lugar donde se expresan nuestros genes durante el desarrollo embriológico y sus adaptaciones a lo largo de la vida que varían la función, la forma y la susceptibilidad de nuestros fenotipos, por eso lo gemelos idénticos se parecen menos entre ellos a medida que crecen) muestran que los individuos pueden cambiar sus fenotipos dependiendo de las intervenciones del ambiente, no solo físicos sino también psíquicos, lo que queda demostrado en la maduración de la personalidad a través de la vida.

Por lo tanto, se puede decidir después de mucho pensar que lo que más satisfacción y menos sufrimiento te traen es la acción X. Pero para hacer X tienes que seguir una serie de condiciones procedimentales que van desde lo puramente físico a lo social, lo que implica que dejes de hacer las acciones A y Z, digamos que A es una acción que no te gusta hacer, te causa dolor o ansiedad, pero Z es una acción que disfrutas, no tanto como X, por lo cual estas dispuesto a no hacer, o hacer en menor frecuencia o de otra manera la acción Z, pero Z es al igual que X en su origen, una necesidad evolutiva, y tu cerebro te “tentará” en múltiples ocasiones de tal manera que realices Z, si lo haces en destiempo, no podrás hacer X y te sentirás culpable. Por lo tanto lo ideal seria buscar alguna manera de hacer X y Z a la vez sin que se interpongan, pero esto suele ser imposible, por lo tanto todo depende de cuanto estés dispuesto a realizar X o que tanto deseas realizar Z.

¿Es entonces esto malo? Es probable que algunas de nuestras acciones para satisfacer nuestros deseos pueden tener repercusiones en la vida de los demás, pero seguramente el deseo en sí no el origen de la maldad, la acción es la que se debe juzgar éticamente. Dicho esto descarto toda posibilidad que el deseo provenga de una provocación metafísica externa, el puede ser despertados por percepciones (incluso inconscientes) a través de nuestros sentidos en la mayoría de veces (al ver, oler o oír hablar de comida, despertar el apetito) o por el mismo funcionamiento cerebral sin ningún estimulo, por lo tanto el aspecto demonológico de la tentación debe ser considerado un modo componente histórico, cultural o literario del simbolismo del deseo y podría utilizarse como metáfora para explicar psicomaquicamente la naturaleza y la ideación de estas dentro de una cultura establecida.

No puedo entonces argumentar hasta que puntos son pecados, ya que este concepto es mas teológico que ético, así compartan ideas, si lo tomamos desde una ética teocéntrica, lo sería en el momento que contradiga los mandatos o intenciones del ser o seres supremos, en la ética habría que analizar el caso dependiendo de las circunstancias, y para la medicina en el momento en que alguno de estos impulsos genere inestabilidad emocional, cognitiva o funcional en el sujeto o la sociedad, pero entonces no cabria dentro del termino pecado o justo e injusto, sino de enfermedad, y se tiene clasificaciones y criterios para estas para determinar su presencia, en tal caso hablamos de un compromiso anormal y si profundizamos filosóficamente en eso, consideramos que la persona no es del todo libre para controlar su conducta. Esta ultima definición es con la que me siento mas cómodo, pero no permite juzgar éticamente la acción y no da un acercamiento a la conducta en una persona sana, este asunto debe ser discutido en otras oportunidades, por lo tanto me limito por ahora a asegurar que no son condiciones pecaminosas y que no son “maldad” sino simplemente deseos inherentes a la existencia humana y que tienen su grado de susceptibilidad de ser moldeados dependiendo de la persona.

III. Argumentos.

1. La plasticidad sináptica, Citoarquitectura cerebral y epigenética: Esto explica los cambios celulares en las neuronas y como afectan la fisiología neurohumoral teniendo efectos en la fisiología general del organismo y la vida psíquica del mismo.

2. Ambigüedad Cultural: La avaricia, la pereza, la lujuria y la gula han cambiado su significado a través de la historia, y la tolerancia a estas ha variado, por ejemplo la avaricia en las comunidades judías pre-romanas era mal vista, pero en los inicios del capitalismo era bien vista, la pereza (que como esta descrita como pecado en el cristianismo parece hablar de un cuadro de depresión mayor a los ojos de la medicina) es mas vista en comunidades con muchas necesidades o que valora el trabajo, puede ser compadecida y generar empatía en sociedades individualistas donde prima el estado de ánimo personal ante la labor comunitaria. Por lo tanto a no ser estas interpretaciones universales, carecen de objetividad.

3. La acción es lo éticamente significativo, no puede juzgarse un sentimiento, emoción o impulso, ya que estos responden a estímulos y no es decisión del sujeto experimentarlos o no, Si persona de una raza se siente superior a otra de otra raza, el error no esta en esta sensación, ya que este proviene de una cultura de la cual el no eligió, en cambio, el genocidio, la esclavitud y la discriminación son actos que, aunque influenciados por esa sensación, entran en sí en ese momento a un ámbito legal o ético.

4. Solo la disfunción patológica genera en estos verdaderos cambios: A menos que halla un daño profundo dentro del marco de la psiquiatría, estos deseos no generan daño a corto plazo, o no generan egodistonia, por ejemplo un obeso con alta ingesta y buena autoestima, no tiene ningún problema social o personal en ser obeso, no le causará sufrimiento (a pesar que le aumente el riesgo de varias enfermedades y las complicaciones al tratarlas) hasta que su ingesta sea descontrolada, de tal manera que el mismo o la sociedad se lo demande. Una persona con un trastorno de impulsividad tipo explosivo intermitente (agresivo) es notablemente diferente a una persona descrita como “temperamental”.

IV. Conclusiones.

Si existe un infierno, o un purgatorio, y todas las almas van ahí a pagar sus acciones al ofender a un dios por permitirse sentir ciertos impulsos naturales en ellos, entonces seguramente el cielo esta repleto de obsesivos, compulsivos y represivos, no es el tipo de persona que tengo en mente cuando pienso en con quién quiero yo pasar un buen rato, que me llene de alegría y me ayude a disminuir la ansiedad o el dolor, que es justamente la idea de vivir bien. Creo que hasta este punto la idea aristotélica de la virtud como el punto medio parece muy atractivo, pero en la vida real no conocemos los extremos y la cantidad de la polaridad (si lo vemos desde la dicotomía) y en algunos momentos pueden ser beneficiosas. El aceptar que estas entidades simplemente existen, tal y como son, en nosotros, nos permite aceptarnos mejor a nosotros mismos y ser mas críticos y reflexivos en nuestras acciones y deseos, planeando su satisfacción a corto y largo plazo, entendiendo que no estamos ni estaremos jamás, exentos de sufrir a costa de ello, sin necesidad de sentir frustración. Podríamos llegar a la idea de que se puede ser feliz a pesar de esta realidad. Por otro lado, no podemos ser juzgados por esto, sino por nuestras acciones a posteriori, y he ahí el punto vital que nos demanda autocontrol, que hasta cierto punto seremos capaces de hacer, y si no equilibramos nuestras necesidades, seguramente veremos como somos aislados socialmente y como tenemos la percepción continua de fracaso y de culpa. No satisfacerlos generará aun más sufrimiento, por lo cual la represión no es una alternativa. El budismo propone la aceptación de la realidad y la meditación como medio para lograr tal equilibrio, las religiones monoteístas sugieren la entrega total a las leyes de un dios, dentro de la ciencia se busca el estado en el cual el individuo sea egosintónico con sus acciones y la sociedad no se lo reproche negando su pertenencia a esta, su libertad y sus oportunidades. Se debe profundizar más para encontrar el método más adecuado para lograr un equilibrio emocional con nuestros deseos, lo que es cierto, es que esta lista de “pecados” esta lejos de ser eso mismo; ya que si se leen textualmente y con inocencia crédula, una persona podría considerar que para salvar su alma, debe negar todo lo que es natural y le causa placer en el.





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